PROYECTOS ESCULTURA I. Intervención Barrio Ruzafa. Valencia 2006.
Neus Cortés Lemus
ENTRAMADO SOCIAL:
Dani Vilaró / Redacción (10/08/2005)
Según el estudio del sociólogo Francisco Torres,
la ciudad tiene un modelo de distribución de la inmigración poco concentrado en
barrios y, aunque “buena”, la convivencia con los autóctonos es aún “distante”.
“La inmigración en Valencia es relativamente dispersa y su concentración en
un barrio concreto, mucho menor que, por ejemplo, en Barcelona”, explica Torres.
Las cifras son diáfanas: sólo el 15,6% de los habitantes del barrio valenciano
de Russafa, con 25.000 habitantes, es inmigrante frente al 48% de los del Raval,
en el centro histórico de Barcelona.
Además, también a diferencia de Barcelona, en la ciudad de Valencia no hay
concentraciones étnicas importantes de inmigrantes: Russafa concentra el 8% de
los marroquíes de la ciudad (el máximo de concentración de un grupo étnico en un
distrito de la ciudad) mientras, por ejemplo, el Raval de Barcelona está
habitado por el 66% de todos los paquistaníes que viven en la capital catalana.
Convivencia cordial y pacífica pero distante
Por lo que respecta al tipo de convivencia entre inmigrantes y autóctonos en
Valencia, Torres indica que es “cordial y pacífica pero no intensiva y, en
términos generales, bastante distante”. Así, los ciudadanos autóctonos se
relacionan y saludan con los inmigrantes, comparten espacios comunes sin
tensiones graves, pero no se va mucho más allá: no se producen lazos o vínculos
más próximos porque la inmigración es aún un fenómeno reciente, según el autor
del estudio. Torres concluye que “se podrá aspirar a una convivencia intensiva a
partir de las segundas generaciones de inmigrantes”.